«Es obvio que la poesía y la fotografía pueden complementarse y hasta influirse recíprocamente. Por una parte, la fotografía capta una imagen fija, inmóvil (a veces sólo un instante de una realidad dinámica o de una coyuntura motriz, desplazable o vibrante), y la poesía puede, a partir de esa suspensión o tregua del movimiento, hacer una lectura que la enriquezca. Por otra parte, la poesía, que genera o propone transformaciones, procesos, auges o deterioros, puede ser sintetizada ejemplarmente por la fotografía cuando ésta elige de aquella una imagen decisiva, que habla por sí misma.»


Mario Benedetti Poeta

domingo, 25 de septiembre de 2011

El Maquech

Os traigo una historia, mejor dicho, una leyenda convertida en costumbre bastante curiosa que descubrí en mi primer viaje a México, me llamó mucho la atención.  (La foto no es mía, la he encontrado en la web).

   EL MAQUECH
Esta es la leyenda de una bella princesa que tenía los cabellos como las alas de las golondrinas; por eso se llamaba Cuzán, que es el nombre maya de ese ave. Las historias de la belleza de Cuzán se contaban en todo el reino, más allá de los muros de la ciudad sagrada de Yaxchilán.

Cuzán era la hija preferida de Ahnú Dtundtunxcaán, el Gran Señor que se sumerge en el cielo. Era alegre y feliz, y su rostro brillaba como el sol cuando su padre ponía a sus pies lo más bello de sus tesoros de guerra.

Cuando Cuzán tuvo edad para el matrimonio, su padre concertó la unión con el hijo del Halach Uinic de la gran ciudad de Nan Chan; el príncipe Ek Chapat, el futuro Señor del Reino. Cuzán aceptó la elección de su padre.

Un día, al regresar de la guerra, el rey envió los tesoros del botín a Cuzán. Cuando la princesa fue a la sala del Gran Palacio para agradecerle a su padre el rico presente, lo halló acompañado de un hermoso joven llamado Chalpol, Cabeza roja, porque su cabello era de color encendido.

Sus almas quedaron atrapadas en un lazo de fuego. El corazón desbocado de la princesa sólo hallaba sosiego en el nombre de Chalpol. Juraron no olvidarse nunca y se amaron con locura bajo la ceiba sagrada, donde los dioses escuchan las plegarias de los mortales.

Todos en la ciudad sabían que Cuzán estaba prometida al príncipe Ek Chapat de la ciudad de Nan Chan; por eso cuando el rey supo que Chalpol era el amante de su hija, ordenó que fuera sacrificado. Cuzán le suplicó que le perdonara la vida, pero todo fue en vano.

El día señalado Chalpol fue pintado de azul para la ceremonia del sacrificio. Hasta el atrio del templo llegaba el aroma del copal que se quemaba para expulsar los espíritus.

Con los ojos llenos de lágrimas, Cuzán volvió a pedir a su padre que no lo sacrificara, prometiendo que jamás lo volvería a ver y que aceptaría con obediencia ser la esposa del príncipe de Nan Chan.

Después de consultar con los sacerdotes, el Halach Uinic le perdonó la vida, bajo la única condición de que su hija se encerrara en sus habitaciones. Si salía, Chalpol sería sacrificado. En la soledad de su alcoba, la princesa entró en la senda del misterio.

En el silencio de la noche, fue llamada a presentarse ante el Halach Uinic. Cuando llegó a los patios del templo sus ojos buscaron los de su amado. Tembló al pensar que lo hubieran sacrificado.

Le preguntó a su padre, quien sólo sonrió. Un hechicero se le acercó ofrecieéndole un escarabajo y le dijo:
“Cuzán, aquí tienes a tu amado Chalpol. Tu padre le concedió la vida, pero me pidió que lo convirtiera en un insecto por haber tenido la osadía de amarte”.
La princesa Cuzán lo tomó y le dijo: “Juré nunca separarme de ti y cumpliré mi juramento”.

El mejor joyero del reino lo cubrió de piedras preciosas y le sujetó una de sus patitas con una cadenita de oro. Ella lo prendió a su pecho y le dijo: 
“Maquech, eres un hombre, escucha el latido de mi corazón, 
en él vivirás por siempre. He jurado a los dioses no olvidarte nunca”.

“Maquech, los dioses no han conocido nunca un amor tan intenso
y tan vivo como este que consume mi alma”.
La princesa Cuzan y su amado Chalpol, convertido en Maquech, se amaron por encima de las leyes del tiempo, con un amor colmado de eternidad.


Este tipo de escarabajos, pertenecen auna familia llamada Zopheridae, y se alimetan de madera muerta y hongos principalmente.
Estos grandes escarabajos pasan la mayor parte de su vida como larvas, su transformación en adultos marca el fin de su existencia. Una vez desarrollados, dejan de comer, respirar, y mueren. Los yucatecos los decoran con piedras brillantes de colores y les colocan una pequeña cadena de oro para poder colgarlos en la ropa . El makech se puede conseguir en el Mercado de Artesanías en Mérida, Yucatán. Se compran como mascotas, están vivos y hay que alimentarlos. Jamás me pondría encima algo así, sólo de pensarlo ya me da un repelús impresionante, eso sin contar que me parece una barbaridad esta costumbre por más que digan que una vez desarrollados se mueran poco a poco.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hermosa historia. aunque mi pregunta fué ¿como le despego las piedras a un maquech? porque me regalaron uno, lo quiero soltar en el jardin pero sin piedras ni cadena :(

Helenai (xiloc) dijo...

Lo primero gracias por pasar por mi blog y con respecto a tu pregunta, la verdad es que no se si se pueden despegar esas piedras pero me parece que no, si están pegadas con un buen pegamento será dificil y además le harías daño el animalito, como curiosidad está bien pero para mi gusto no deja de ser una crueldad esta costumbre tan arraigada.
Un saludo

Anónimo dijo...

Yo vivo aquí en Merida y los he visto y mi tio tenia una tienda y llos vendia hace un par de años y siempre los odie. Sentia que eran como cucarachas, son bonitos pero nolos tolero. Me dan escalofríos.,...

Helenai (xiloc) dijo...

Gracias por tu comentario anónimo y por pasar por el blog.

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